LA CANDELARIA
Se desarrolló
en el Este y Sur de Salta y el Norte de Tucumán, fechada entre
el 0 y el 800-900 d.C.
Sus viviendas eran de material perecedero de las que a veces se encuentran
cimientos circulares o rectangulares de lajas de piedra.
Su arte es generalmente funerario, y la enorme fuerza simbólica
y expresiva de las representaciones hace posible relacionarlas con el
mundo de las creencias de sus realizadores. Los morteros decorados bien
podrían haber servido para la preparación de algún
tipo de alucinógenos, generalmente utilizado en ceremonias de
carácter shamánico. En su cerámica puede destacarse
la elaboración de urnas que sirvieron para la inhumación
de niños y adultos, de forma globular con decoración geométrica
modelada. También decoraron cerámica con diseños
grabados.
CIÉNAGA
Cultura
que podemos ubicar en las provincias de Catamarca y La Rioja en sitios
llamados barreales, superficies de sedimentos fluviales que al ser lavados
en época de lluvias revelan toda suerte de restos culturales
y humanos.
Las condiciones ambientales de la época fueron favorables para
la agricultura y hay evidencias del conocimiento del maíz y otros
vegetales como el zapallo y el algarrobo.
Las tumbas halladas tienen forma de pozo con el cadáver flexionado
colocado en el fondo y parece que estuvieron cubiertos de vestiduras
y telas al estilo de los fardos del sur del Perú. Las urnas se
reservan para el entierro de niños.
Una manifestación artística peculiar son los vasos tallados
en piedra y decorados con figuras en relieve. La decoración se
adapta a la forma alargada del vaso, dispuesta para ser mirada desde
un solo lado y se talla sobre la superficie apenas sobresaliendo del
borde del vaso. Domina la representación humana. En el caso de
los rostros los rasgos pueden descomponerse hasta casi desaparecer o
añadirse otros elementos como serpientes de doble cabeza.
La cerámica más característica es gris o negra
y se decora siempre con motivos incisos. Las formas son simples y funcionales.
Como jarros, cuencos y urnas funerarias. Se trata de un arte muy decorativo
y aparentemente trata de enriquecer una cerámica funcional, ya
que no se encuentran aún los diseños de carácter
simbólico-religioso que caracterizan a la cerámica de
La Aguada.
LA AGUADA
Se desarrolló
en las provincias de Catamarca, La Rioja y San Juan entro los años
500-600 y el 900 d.C. a partir de culturas anteriores y de su interrelación
con otras sociedades del altiplano argentino-chileno-boliviano. Su epicentro
fue el Valle de Hualfin, (Catamarca) vinculándose su origen con
la cultura Ciénaga.
Emplazaron varios centros para funciones rituales con pirámide
ceremonial, calzada y plaza. Los pueblos fueron políticamente
autónomos, tuvieron jerarquización social y mejoraron
su agricultura con andenes, canales y represas.
Aguada fue un pueblo militarista, alcanzando su máximo desarrollo
entre el 650 y el 850 d.C.
Esta cultura
protagonizó una gran dispersión cultística referida
al jaguar y difundida por todo el noroeste argentino. En el aspecto
simbólico el felino desempeñó un papel muy importante
y suele estar representado con manchas. Además se encuentran
entre sus diseños guerreros y hechiceros (shamanes). Fue una
cultura con vocación para el dibujo expresada con obsesiva continuidad.
Esgrafiando cerámicos con el omnipresente felino o dibujando
con pincel plegarias a la lluvia, su trazo está cargado de diseño
propio y fuerte expresión.
Su cerámica alcanzó el más alto grado de desarrollo
técnico y artístico. Existen varios tipos: gris-negro
y rojizo, grabado y pintado, bicromo y policromo.
La alfarería es roja pintada en negro con motivos geométricos.
En piedra elaboraron morteros, conanas y puntas de flecha.
En la metalurgia dominaron la fundición del bronce y realizaron
placas y hachas ceremoniales magníficamente decoradas. Realizaron
manoplas, pinzas, campanillas, cinceles y pequeños pectorales.
También se hallaron objetos de madera: tabletas para uso de alucinógeno,
cuchillones de uso agrícola, arcos y flechas.