CONDORHUASI

Del 300 a.C. hasta el 650 d.C.
Tuvo por centro regional el Valle de Hualfin y el Campo de Pucara (provincia de Catamarca), llegando su influencia hasta La Rioja. Con características valliserranas, su florecimiento fue contemporáneo al Tafí. Se estima que su formación es una conjunción de tradiciones culturales provenientes del altiplano y de la zona tropical.

La mayor parte de las obras proceden de cementerios saqueados, lo que dificulta cualquier relación cultural. Hay algunas posibles evidencias de agricultura, pero debió de ser un recurso más importante la llama que tuvo un destacado papel económico-social, porque al comercializarla le permitió alcanzar Atacama, al N. de Chile.
que se representa con frecuencia en la cerámica y se ha encontrado sacrificada en algunas tumbas.

No practicaron un patrón de instalación definido y aunque no se han excavado sistemáticamente poblados, se conocen viviendas aisladas de planta circular y cimientos de piedra.

Condorhuasi se destaca por su alta especialización y la riqueza de sus manifestaciones artísticas. La cerámica y la escultura en piedra son las manifestaciones artísticas más reseñables.
Crearon una cerámica de original morfología escultórica y buena calidad técnica que la hacen inconfundible, policroma, motivos negros sobre fondo rojo y delineados en blanco y monocroma, donde se destacan figuras humanas sentadas o gateando y otras con cuerpo alargado cónico y rostro de apariencia ornitomorfa. Sobre éstos cuerpos desnudos se pintan diseños de carácter geométrico que representarían adornos corporales. Ésta síntesis de elementos humanos y animales aparece también en la escultura en piedra, frecuentemente de carácter felino, y concretamente en morteros en los que aparece un rostro humano por un lado y otro zoomorfo en el lado opuesto. Este estilo, llamado Condorhuasi policromo, de gran variedad formal y decorativa ostenta figuras de aspecto vagamente antropomorfo, con cabezas desproporcionadas y esquemáticas de aire ornitomorfo cuya nariz prominente se asemeja a un pico. Pueden llevar pintura facial y bezotes - de los que se han encontrado ejemplares reales de turquesa - y narigueras en forma de disco.
La postura sedente o a cuatro patas se recoge en un cuerpo esquemático, robusto, que a veces se reduce a una masa globular, con miembros rudimentarios. La policromía, contrastada, con los motivos negros sobre fondo rojo y delineados en blanco.

Esta síntesis de elementos humanos y animales aparece también en la escultura en piedra, en la que fueron excelentes artesanos. La técnica alcanzada revela un gran refinamiento plástico sobre todo en las piezas llamadas suplicantes extraña mezcla de elementos realistas y fantásticos.
El Suplicante presentado cual anhelante observador del Cosmos, permanece, fantástico y hermético, este ser plástico-religioso. Obra de insólita originalidad formal- entre las más relevantes de América- donde existe un armonioso diálogo entre plenos y vacíos. Su ritmo ondular y equilibrio compositivo, la conceptualidad de su talla, donde el bloque ha sido horadado pero no destruido como tal, la transparencia de una cosmovisión desesperada, la captación de un instante eternal concentrado en la posibilidad de una luz reveladora, ser alucinado sumergido en su éxtasis.

En el trabajo en piedra frecuentemente de carácter felino, y concretamente en morteros aparece un rostro humano por un lado y otro zoomorfo en el lado opuesto. Aunque en estos ejemplares no es clara la contribución a Condorhuasi, existen al menos grandes semejanzas entre las ideas representadas.

 

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